Lo que aca encontras

jueves, 5 de marzo de 2009

Un primo curioso

Este es mi segundo relato, y aun que no me considero buen escritor, he recibido comentarios que me han motivado a continuar con otra de mis experiencias.

Estaba cursando estudios universitarios en la capital y estaba muy contento, porque me faltaban pocos días para las vacaciones y justo en esa última semana recibo una llamada de mis padres, pidiéndome; que fuera a visitar a unos tíos, que desde niño no me habían visto y que querían que los visitara, y a demás que conociera a mis primos.

La idea no me hizo gracia, ya que tenía otros planes y no me imaginaba compartiendo mis vacaciones soportando a una cuerda de niños y ¡todas mis vacaciones¡ no, no, y no. Esa fue mi respuesta ante la llamada de mis padres, pero ante el discurso de la unión familiar, que me dio mi madre, que fue un como jarabe, no tuve más opción que hacer mis maletas y aguantarme 8 horas de viaje hasta llegar a una ciudad desconocida, en la que hacía mucho calor y después de tanto esperar y ver que nadie aparece en mi búsqueda, decido llegar por mis propios medios, preguntando hasta encontrar la casa que buscaba, me acerco y toco el timbre: como 3 minutos y nada que abren, ya me estaba cabreando, pero nada más recordar el largo viaje, me lo pensaba mejor y seguí presionando el botón…

Me abre una señora como de unos cuarenta y tantos y sin ningún protocolo, me empieza a besar y abrazar, tanto, que deje las maletas en la calle, pero el recordarle lo de las maletas en la calle, fueron la excusa para que me soltara. Luego empieza con los halagos: que eres igual a tu padre de joven, pero más guapo, mira que hombre estás hecho, que si no fueras mi familia le pediría a una de mis hijas que se case contigo; pero si me imaginaba que eran niñas ¿o no?, no, como crees, si son casi de tu edad, menos los mellizos de 9 años; me responde mi tía, Yo tenía 19, ya desde adolescente me fascinaba hacer ejercicios por lo que me ha ayudado a cultivar el cuerpo que tengo actualmente con 25.

Cuando me entero de que tenía primos de mi edad y que además que no eran sólo chicas: eran dos chicas una mayor y otra menor que yo con la diferencia de un año, un par de mellizos y un chico de la misma edad que la mía. ¡Qué alivio¡ al menos no estaría solo en aquella casa como lo imaginaba. Salen mis primas a saludarme y disculpándose porque pensaron que llegaría más tarde y por eso no habían ido a buscarme, ya no me importunaba, pero luego empieza mi tía otra vez con los halagos delante de las chicas y ellas nada más asentaban la cabeza con lo que decía la madre, mientras que la chica menor me guiñaba el ojo de una manera discreta, pero muy directa.

Ese gesto me produjo una erección que luego no podía disimular y mientras hablábamos las dos chicas no dejaban de mirarme entre las piernas; ya estaba rojo de la vergüenza y empecé a pensar en algo horrible para controlar mi situación y lo logré. La prima menor (así le diré por nombre) era muy atractiva, tenía un cuerpo espectacular, yo no dejaba de mirarla y eso a ella le gustaba. Pregunté por mi tío y me contestaron, que estaba en el trabajo y que llegaría tarde, los mellizos estaban en una excursión y mi primo había salido muy temprano a unos trámites de universidad. Vale, mientras estuvimos hablando y riendo de cosas que carecen de importancia en este relato, aparece un chico de la misma estatura que la mía, 1,75 o 1, 76, con una complexión física muy similar a la mía, con cabello rubio y corto, estilo militar, ojos marrones claros, cejas muy pobladas un tono más oscuras que su cabello, y una sonrisa adornada con unos labios, gruesos y carnosos de esos que te dejan con la boca abierta, y en efecto, así estaba yo, al momento reacciono y sonrío igualmente tendiéndole mi mano, mientras él se me abalanza y me da un abrazo, guardando su postura muy varonil, yo un poco desconcertado, también le abrazo, era algo extraño lo que me transmitió ese abrazo, ni si quiera su hermana logró ese efecto en mi.

Pero luego de tanta tensión, nos sentamos los cuatro, la verdad es que me sentía como un juguete nuevo entre ellos ,me decían que les encantaba mi cabello, castaño con un corte algo alborotado, dándome un estilo un poco agresivo, pero al contrastar con mi cara de aspecto algo inocente producía un no sé qué, que atraía, eso me decían, no paraban de mirarme, pero de una manera, que en momentos me incomodaba, aun que yo no paraba de sonreír y ellos me correspondían igual, disimulando un poco miraba a mi primo, que lo tenía en frente y cuando lo hacía, lo descubría mirándome fijamente y él, en seguida cambiaba la mirada a otro lugar pero sin dejar de atender a la conversación.

Aquella situación me estaba excitando otra vez, pero en mayor escala, aquel chico no dejaba de llamar mi atención y lo mejor, es que estaba seguro de que yo también a él, pero en momentos pensaba, que era mi familia, que no tenía que excitarme y que estaba mal, me cree una lucha interna, que por momentos las chicas me decían, se te nota cansado por el viaje, te has desconectado de la conversación, pero yo, con una sonrisa solucionaba todo, y regresaba a la tierra.

Pasaban los días y mutuamente nos conocíamos más, me tenían exageradamente consentido, cosa que me hacía sentirme incómodo, pero lo disfrutaba, no lo niego. Yo era la excusa para que mis tíos los dejaran salir a cualquier sitio; desde que llegué yo, la casa parecía un hotel, solo llegábamos a dormir, y a mi tía le encantaba porque le daba tiempo para muchas cosas, eso me decía.

En una de tantas noches, ocurrió, que uno de los mellizos tuvo una pesadilla y se orinó del susto, aquello fue una noche de risas y el comienzo de lo que inicia el tema en este relato. Debido a lo ocurrido mi primo tuvo que ceder su cama a su hermanito. Ese momento mi tía me preguntó que si no habría algún inconveniente en que mi primo durmiera conmigo en mi habitación, aunque en una cama supletoria al lado de la mía. Pues bien, no pasa nada, así hablamos más, le dije a mi tía, mientras me reía y ella conmigo, pero de la situación de aquel niño que todavía continuaba asustado y llorando del mal sueño que tuvo.

Al paso de un rato de risas ayudó a mi primo a armar la cama al lado de la mía, era un poco pequeña y con sólo verla deducía que mi primo ni nadie, podría dormir allí, sin amanecer como recién salido de una paliza. Pero no podía hacer más, sería un poco comprometedor.

Llegó el momento de ir a la cama, mientras acostados hablamos, de nuestras vidas y experiencias, por supuesto que no le iba a decir que antes había tenido una experiencia con un chico, así que sólo le conté las que tuve con chicas y él a mí las suyas, pero sin entrar en detalles. Pero en medio de la conversación me hace la pregunta que desencadenó todo: escuche un comentario de mi tío de que te había operado hace creo que tres años, pero nunca supe de qué te habían operado, ¿qué te pasó? ¿De qué te operaron?, es que yo te veo muy bien, me dijo él…

No sabía qué responder ni cómo evadir la pregunta, es que era la respuesta sería muy íntima y me avergonzaba un poco, pero no tenía opción, si quería inspirarle más confianza pensé que debía decirle la verdad, y se la dije: Es que… me hicieron una circuncisión, pero porqué, ¿tu pene no retraía? Me preguntó, estaba ya, sumamente avergonzado, pero le dije que no era por retracción, que sólo era por estética, nada más, y es cierto.

Aquella respuesta lo puso un poco inestable, dentro de la conversación no hacía más que ver mi entrepierna, mientras que estábamos acostados uno al frente del otro, pero separados, por las dos camas. Aquella situación me gustaba, pero al pensar que era mi familia, me cortaba el royo, hasta que en el mismo tema de sexo le dije que iba a orinar, mientras él decía, que también quería orinar, entramos los dos al baño, yo oriné primero y él esperaba insistente mientras que con el rabillo del ojo así como el que no quiere mirar, buscaba la manera de mirarme el pene.

En eso rompió el hielo cuando me dijo, ¿me muestras a ver cómo te ha quedado? No pienses mal, es que tengo curiosidad, nada más. Esas palabras me encendieron la polla y estaba que reventaba, aproveché el momento para mostrársela en todo su esplendor, y vaya que lo impresioné, mientras me la miraba, podía ver su cara de impresión, sonríe un poco de la misma impresión o de los nervios tal vez, y me pregunta,¿la puedo tocar, pero no pienses mal eh?, sólo es tocar, estilo médico.

Bien, le dije: estilo médico, se la acerco y cuando coloca sus dedos y me rodea la polla con su mano calentita, me dio un no sé qué, pero esa situación me tenía en las nubes, y eso que sólo me había tocado, mi mente empezó a volar, imaginado todo lo que podría pasar, no me importó el hecho de ser familia. En ese momento me hace reaccionar diciéndome, la tienes muy bonita, la mía no está circuncidada pero creo que es muy parecida, mírala.

Cuando veo en frente de mí, ese espectáculo tan cerca, empecé a temblar como la primera vez, no me podía controlar, tanto que casi arruino el momento, mi primo me decía: ¿te pasa algo? ¿Estás bien?, creo que está mal lo que hacemos verdad? En seguida me dejé de nervios y le dije un poco nervioso: que estaba bien, que no pasaba nada. Consciente de que la situación estaba muy clara le pregunté que si había estado con chicos, y me dijo: varios no, sólo uno, pero sólo nos masturbamos ¿Te gustaría repetirlo conmigo? Le dije y él me contesto: que sí, que lo estaba imaginado desde el primer momento en que me vio, yo hacía una película en la cabeza retrocediendo hasta el principio y recordando la cara que puso la primera vez que nos vimos, y no podía creer lo que me estaba pasando. Ya en ese momento él me estaba rozando el glande con sus dedos y me dijo, mejor vayamos a tu cama y cerramos la puerta de la habitación por seguridad; vale, muy bien vamos: respondí.

Nos acostamos quitándonos todo hasta quedad desnudos por completo con luz encendida para vernos mejor, mientras me acariciaba el vientre, me preguntaba que cuanto ejercicio hacía para estar así, y que tenía muy poco vello y eso le gustaba. Él tampoco tenía mucho, pero sí un poco más que yo, aun que como eran rubios, ni se les notaban.

Estábamos disfrutando de los dos tocándonos y admirándonos mutuamente. No aguanté más y tomé la iniciativa de besarlo y en medio del beso, me dijo: pensé que nunca lo ibas a hacer, Fue un beso muy largo la palabra apasionada, se queda corta para lo que fue aquel beso. Me dijo que me acomodara mirando el techo y que lo dejara hacer su tarea, yo estaba intrigado a ver qué era lo que mi primo sabía de sexo. Mientras estaba acostado sentía el peso de su cuerpo encima, con las piernas rodeando mi cadera y mi pene rozando su culo, estaba que me moría del placer, me besaba el cuello, la oreja mientras me preguntaba si me gustaba, yo le respondía tratando de llegar hasta su boca con la punta de mi lengua, pero su boca estaba lamiendo mis orejas, hasta que fue bajando y lamiendo mis tetillas y mi abdomen, hasta llegar a meterse toda mi polla en su boca como un helado cilíndrico, arriba y abajo, en su cara se notaba que lo disfrutaba, de vez en cuando sentía sus dientes, lo que me dijo antes era verdad, no era muy experto, pero aún así, me parecía el mejor del mundo.

Estaba a punto de correrme, hasta que le dije; ahora me toca a mí: túmbate boca abajo, estaba un poco asustado y le dije que no pasaría nada que él no quisiera, creo que eso le dio confianza y se acostó abriendo un poco las piernas. Me dediqué a acariciar su espalda sintiendo su piel suave, con un toque de perfume, que me traía loco, empecé a pasar mi lengua por su cuello y a lamer sus orejas como él hizo conmigo. Al estar encima de él y sentir el roce de mi pene con su culo me ponía a mil, así que fui bajando hasta llegar a su culito, le mordí un poco sin intensiones de hacerle daño, le besé las piernas, bien formadas y duras, uff, ¡qué rico me decía¡ mientras yo le decía, ahora te gustará más: le separé un poco las nalgas dejándome ver sus nalgas paraditas y en medio su pequeño esfínter rosadito y muy limpio, lo que me animó sin pensar a meter mi lengua y a comérmelo todo.

No sé quien disfrutaba más en ese momento, pero tuve que decirle que no hiciera tanto ruido, porque sus gemidos ya subían de tono; pero el tono de su voz gruesa, me enloquecía más, me acosté dejando que mí pene se situara entre sus nalgas, mientras lo besaba haciendo que girara un poco la cabeza para fundirnos en un profundo beso que ayudó a que se dilatara un poco y me permitiera entrar una pequeña parte de mi grande en su ano…

El dolor lo paralizó un poco y me dijo que no podría que le dolía mucho, pero con mis caricias y mis besos, se fue concentrando un poco y yo sin sacarle la pequeña parte que ya le había entrado, él sólo gemía mientras yo le mordía las orejas, intenté presionar un poco más y entró otro poco, yo sabía que si la sacaba no me dejaría intentarlo otra vez ya que también he pasado por la misma situación.

Él se quejaba y decía que parara, pero en ese momento moví mi cabeza hasta alcanzar su boca y meterle la lengua lo más adentro que pude, fue ese momento cuando lo sentí un poco más relajado y decidí metérsela de una buena vez, vi su cara de dolor y cómo se le salía alguna lágrima y me dio un poco de culpa, pero él me dijo, queme quedase quieto hasta que se relajara, pero que no la sacara, eso me animó y cuando lo note un poco relajado, producto de mis caricias y mis besos, empecé con mis movimientos de cadera, esta que me corría y lo hice sin preguntar. Él sentía cada uno de mis chorros de semen, ya que me decía que sentía algo caliente en su culo.

Sus movimientos de cadera hicieron que me volviera como al principio, pero me pidió que él también quería penetrarme y accedí. Acostándome de frente para mirar su cara, Besándome la polla bajo hasta mi culo e hizo que me retorciera como yo hice con él, hasta que al paso de un rato, me metió un dedo, y luego, dos, ya me empezó a doler, no sabía si aguantaría, ya que mi primera vez casi no disfruté del dolor, pero él supo cómo hacerlo, me decía que tenía un culo muy lindo, y que le encantaba el hecho de que no tuviera vellos, pues a mí también, ya que podía sentir cada lengüetazo que me daba…

En seguida colocó una almohada en mi cintura y empezó a morderme los dedos de los pies, eso nunca me lo habían hecho, pero me tenía loco, me acerco su polla situándola entre mis nalgas y debido a la lubricación que me había dado, su pene se deslizaba de una manera increíble, sin poder entrar, sólo me preparaba, hasta que miro como cierra los ojos y me presiona un poco y siento su glande presionando mi esfínter, qué dolor, insoportable, ya lo conocía, pero me relajé un poco, y entre besos y caricias y el sudor de los dos que ayudaba un poco, de repente sentí algo en el estómago que me hacía sentir extraño, ya con un leve dolor pero también me gustaba, le dije que parara un poco y lo hizo, hasta que no me hizo caso y empezó con sus envestidas, que segundo a segundo me gustaban más, cada vez que la sacaba sentía un vacio en mi interior, extraño, y así estuvimos un largo rato hasta que ya no aguantaba más y me dijo que quería correrse en mi boca, que si lo dejaba.

Me acerqué hasta su pene, que estaba limpio, producto de mi higiene, pues al parecer él era igual de limpio, y eso me tenía loco, empezamos a chuparnos con la misma intensidad, hasta que siento el sabor de su semen en mi boca, quería escupirlo, pero ya era tarde, gran parte había traspasado mi garganta, y no me quedó otra que tragarme lo poco que salía de mi boca, pero no me supo mal, él me preguntó que si lo había tragado y asentí con la cabeza, cuando miro su cara, me revolucionó todo por dentro y también me corrí en su boca, el hacía como la escupir pero tampoco pudo, ya se había tragado la gran parte de mi semen.

Esa noche dormimos en la misma cama, con la puerta cerrada y asegurada y el resto de las vacaciones, casi todas las noches, casi todas repito, eran de sexo, aprendimos del sexo mutuamente. Nos sentimos muy mal cuando nos separamos, él enfermo a cusa de mi regreso a mi ciudad, pero con el tiempo me visitaba en mi casa, que vivía sólo y la pasamos muy bien.
Espero que sea de su agrado, si tienen algún comentario, me pueden escribir:

Autor: RAndrés