Una vida de joven normal y virgen llevaba hasta el momento. Un día se rompe la heladera, y mi viejo llama a un electricista. Para colmo el bien joven. Aquel día que fue a arreglar el aparato mis padres salieron para visitar unos amigos y me encargaron que lo vigile.
El Pancho llega a la casa, pregunta por la familia y yo ya de entrada le miro a los ojos y luego bajo observándoles las piernas, diciéndole que aquí era la casa. Vestido con una musculosa verde y pantalones cortos, morocho, bien formado y marcado, de 22 años. Lo hago pasar y empieza a ver la heladera y me dice algunas tonteras. Mientras se fijaba yo le miraba las piernas, bien marcadas y con poco vello, que me excitaba más.
A la larga él comenzó a darse cuenta que lo miraba, y me hablaba y preguntaba cosas de la vida, si tenía novia, como me iba en los estudios, hasta que llegó a preguntarme si tuve relaciones con alguien, y claro en ese momento le dije que no, que era virgen, y él me sonrió. Al rato se pone a descansar y le di algo de beber por que tenía sed, en eso, recuerdo que había un lamparilla rota y también algunos alambres sueltos en la pieza del sótano, y le pedí si se podía fijar.
Fuimos allí y me subí a una silla y me estiré para tocar la lámpara y mostrarle porque no podía sacarla, en eso, como la remera era corta, se me vio todo el abdomen y me di cuenta que él se fijaba en mí. Luego subió él, vio que estaba roto el cable y le dije que buscara en unas cajas de ahí, que encontraría repuestos. Me fui a prender el aire acondicionado y cuando regreso veo que abrió una caja equivocada. Jaja, mi hermano mayor, que estaba estudiando en Córdoba, había escondido revistas pornos gay allí. Veo que las estaba viendo y le pido disculpa, él dijo que no me preocupe. Yo le veía medio excitado y transpirando un poco, que más me excitaba a mí verlo así.
Me siento, como decir medio acostado, en un sillón que había, a leer una revista de autos tranquilo y ya fresquito por el aire acondicionado. De repente me doy cuenta que se sentó al lado de mis pies y empezó a conversarme, seguimos la charla y lo noté que me miraba las piernas, en aquel entonces estaba con remera y short. De reojo también yo le miraba los pechos, que los tenía bien marcados.
Cuando volvimos a tocar el tema de su pareja me contó que le había dejado hace unas semanas. Miro el techo y estiro los brazos y siento que me tocó las piernas, yo lo miraba, en cierta medida yo busqué ese momento.
Además me veía el paquete, ¡La tenía ree parada, siii! Me senté a su lado y le empecé a tocar el cuerpo y le saqué la remera; él me tocaba las piernas hasta llegar a mi pija, me sacó el short y el slip y me agarró fuerte el pene y me masturbaba, luego me sacó la remera y yo lo desvestí, tomé su enorme verga y le di un beso, se la llené de saliva…
Él me abrió de piernas y sin dudar me la enterró lentamente, tenía forma de banana, y eso me producía más dolor, yo seguía gimiendo, y en un momento que todo parecía estar tranquilo, hizo fuerza y penetró todo lo que faltaba, di un grito despacio como de dolor y placer a la vez. Empezó a sacarla e introducirla despacio, pero luego aceleró y llegó a un estado uniforme. Estaba totalmente excitado. Él me besaba y me tocaba la verga que la tenía re dura.
Al rato me puso en otra pose, de 4, que es una de las que más me gustan ahora, y de a poco me la metía hasta el fondo, y sentía como me entraba y salía, así por tiempo largo. Él me pajeaba y también me agarraba de la cintura. Jamás había pensado, que tan bueno era el sexo entre varones. Yo me había entregado por completo a Ernesto, y él se sacaba las ganas conmigo, porque ya no tenía pareja. Me decía que ya le venía el espasmo, y me preguntó que si quería que acabara dentro de mí o fuera, quería probar, y le dije que terminara adentro. ¡Aaay papá!
Sentí luego algo calentito, era toda su leche dentro de mi cola, y él la sacó, se me acercó a la cara y yo la empecé a mamar de nuevo, sentía el aroma a semen, ¡mm que rico! Hasta dejarlo bien limpito. Yo seguía bien excitado y él me tiró al sillón boca arriba y me pajeaba hasta que terminé en su pecho con toda mi leche blanca.
Lo invité a que nos bañáramos para sacarnos la transpiración, y después terminó por fin, de arreglar la heladera, jaja. Así terminé de ser virgen de cola, y actualmente nos vemos de vez en cuando con Ernesto para juntarnos y sentir su hermosa pija dentro de mí.
Autor: Felipe
El Pancho llega a la casa, pregunta por la familia y yo ya de entrada le miro a los ojos y luego bajo observándoles las piernas, diciéndole que aquí era la casa. Vestido con una musculosa verde y pantalones cortos, morocho, bien formado y marcado, de 22 años. Lo hago pasar y empieza a ver la heladera y me dice algunas tonteras. Mientras se fijaba yo le miraba las piernas, bien marcadas y con poco vello, que me excitaba más.
A la larga él comenzó a darse cuenta que lo miraba, y me hablaba y preguntaba cosas de la vida, si tenía novia, como me iba en los estudios, hasta que llegó a preguntarme si tuve relaciones con alguien, y claro en ese momento le dije que no, que era virgen, y él me sonrió. Al rato se pone a descansar y le di algo de beber por que tenía sed, en eso, recuerdo que había un lamparilla rota y también algunos alambres sueltos en la pieza del sótano, y le pedí si se podía fijar.
Fuimos allí y me subí a una silla y me estiré para tocar la lámpara y mostrarle porque no podía sacarla, en eso, como la remera era corta, se me vio todo el abdomen y me di cuenta que él se fijaba en mí. Luego subió él, vio que estaba roto el cable y le dije que buscara en unas cajas de ahí, que encontraría repuestos. Me fui a prender el aire acondicionado y cuando regreso veo que abrió una caja equivocada. Jaja, mi hermano mayor, que estaba estudiando en Córdoba, había escondido revistas pornos gay allí. Veo que las estaba viendo y le pido disculpa, él dijo que no me preocupe. Yo le veía medio excitado y transpirando un poco, que más me excitaba a mí verlo así.
Me siento, como decir medio acostado, en un sillón que había, a leer una revista de autos tranquilo y ya fresquito por el aire acondicionado. De repente me doy cuenta que se sentó al lado de mis pies y empezó a conversarme, seguimos la charla y lo noté que me miraba las piernas, en aquel entonces estaba con remera y short. De reojo también yo le miraba los pechos, que los tenía bien marcados.
Cuando volvimos a tocar el tema de su pareja me contó que le había dejado hace unas semanas. Miro el techo y estiro los brazos y siento que me tocó las piernas, yo lo miraba, en cierta medida yo busqué ese momento.
Además me veía el paquete, ¡La tenía ree parada, siii! Me senté a su lado y le empecé a tocar el cuerpo y le saqué la remera; él me tocaba las piernas hasta llegar a mi pija, me sacó el short y el slip y me agarró fuerte el pene y me masturbaba, luego me sacó la remera y yo lo desvestí, tomé su enorme verga y le di un beso, se la llené de saliva…
Él me abrió de piernas y sin dudar me la enterró lentamente, tenía forma de banana, y eso me producía más dolor, yo seguía gimiendo, y en un momento que todo parecía estar tranquilo, hizo fuerza y penetró todo lo que faltaba, di un grito despacio como de dolor y placer a la vez. Empezó a sacarla e introducirla despacio, pero luego aceleró y llegó a un estado uniforme. Estaba totalmente excitado. Él me besaba y me tocaba la verga que la tenía re dura.
Al rato me puso en otra pose, de 4, que es una de las que más me gustan ahora, y de a poco me la metía hasta el fondo, y sentía como me entraba y salía, así por tiempo largo. Él me pajeaba y también me agarraba de la cintura. Jamás había pensado, que tan bueno era el sexo entre varones. Yo me había entregado por completo a Ernesto, y él se sacaba las ganas conmigo, porque ya no tenía pareja. Me decía que ya le venía el espasmo, y me preguntó que si quería que acabara dentro de mí o fuera, quería probar, y le dije que terminara adentro. ¡Aaay papá!
Sentí luego algo calentito, era toda su leche dentro de mi cola, y él la sacó, se me acercó a la cara y yo la empecé a mamar de nuevo, sentía el aroma a semen, ¡mm que rico! Hasta dejarlo bien limpito. Yo seguía bien excitado y él me tiró al sillón boca arriba y me pajeaba hasta que terminé en su pecho con toda mi leche blanca.
Lo invité a que nos bañáramos para sacarnos la transpiración, y después terminó por fin, de arreglar la heladera, jaja. Así terminé de ser virgen de cola, y actualmente nos vemos de vez en cuando con Ernesto para juntarnos y sentir su hermosa pija dentro de mí.
Autor: Felipe

